LOS VIEJOS
Hay una escena que se repite bastante a menudo cuando paso por el parque de al lado de casa, sobre todo en estas épocas del año en que el sol te araña los ojos justo a la caída de la tarde, pero que es irresistible de mirar. El mismo es el que te pica en los ojos que el que crea esas luces imposibles de rojos, de todos los rojos, y de rosas. Es ese sol tan agradable que a los vejetes no les es desconocido.
Pues eso, que cuando salgo para el trabajo suelo encontrarme, sobre todo en esa época del año, a un os cuantos de estos árboles humanos sentados en la dirección del sol, con las caras brillantes y la piel como trapo viejo. Les pongo nombre a todos, porque igual que en grupo son todos vejetes tomando el sol- como los lagartos, son como los lagartos- cada un a tiene en la cara algo diferente y en muchos casos dignos de estudio antropológico, por lo que les respondo con la misma dignidad poniéndoles nombres a sus únicas caras.

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